Para preservar la democracia y asegurar una administración política imparcial, una cantidad creciente de países ha elegido mantener separados a la iglesia y al estado. Y aunque existen algunas esferas en las que los límites de tal separación tienen la tendencia a traslaparse, quizá ninguna esté más plagada de la polémica secular que nuestras escuelas.

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Aunque no debería obligarse a los estudiantes de una escuela a aceptar ninguna religión, los esfuerzos para eliminar la influencia religiosa en las escuelas pueden anular la orientación moral que a menudo proporcionan tales enseñanzas. Según comentó
L. Ronald Hubbard: "La gente e incluso los niños en las escuelas han adoptado la idea de que los estándares morales elevados son una cosa del pasado", lo que a su vez lo llevó a la pregunta fundamental: "¿Qué pasaría si alguien publicase un código moral no religioso? Uno que atrajera al público. Que pudiera ser popular y seguirse. Que incrementase el potencial de supervivencia del individuo entre sus semejantes. Y que el mismo público en general lo pasara a los demás".
Así que escribió El Camino
a la Felicidad, que no es una obra religiosa, sino la manera de rellenar el vacío dejado por la falta de orientación moral. No promueve ninguna religión o fe; sino que
ayuda a decidir por uno mismo la forma en la que vive, especialmente durante momentos en que existe un dilema moral.
En Estados Unidos, donde El Camino a la Felicidad se publicó inicialmente en 1981, los programas basados en el libro han llegado a 12 millones de estudiantes en más de 12.000 escuelas. Un estudio independiente encontró que el 85 por ciento de los profesores que tienen clases que participan notaron un cambio positivo en la comprensión de los estudiantes
de los valores morales, mientras el 90 por ciento notó un cambio positivo en la actitud de los estudiantes.
Como observó la directora de una escuela: "Hemos disminuido el 70 u 80 por ciento de la violencia durante el año escolar. Hemos disminuido las actitudes irrespetuosas hacia los profesores, y el lenguaje y los gestos vulgares...
"Ahora los niños tienen mayor tendencia a sentarse, calmarse, pensar en qué hacer y dar un buen ejemplo. No es el 100 por ciento", resumió, "pero es una mejora del 100 por ciento".